martes, 10 de agosto de 2010

Gritos Suicidas

El capitalismo que salvo en la mente de algunos valientes tachados de necios, ha logrado imponerse como sistema inevitable e incombatible, como única opción, empieza a escribir hoy su ultima crónica frente a la historia, una carta de suicidio.


Suicidio se define como la acción o conducta que perjudica o puede perjudicar muy gravemente a quien la realiza. No es componente del suicidio la muerte, si lo es la recurrencia en acciones y conductas perjudiciales para quien las realiza, es decir quien atenta contra su salud por mérito y voluntad propia es un suicida.


Hoy, son los propios vicios del capitalismo quienes amenazan con acabar con el. Inconsciente del perjuicio ambiental que ocasionan sus practicas e indiferente de la dinámica antidemocrática que propician sus reglas el monstruo parece querer asfixiarse con sus propias manos.


Dos circunstancias insostenibles pero inherentes al capitalismo le permiten anunciar que no abandonara sus vicios hasta su muerte. Está dispuesto a consumir al globo terráqueo y a sacrificar la democracia para satisfacer sus adicciones.


La directriz ideológica de la desregulación y el pensamiento de que el estado es parte del problema y no de la solución ah permitido la concentración del capital y el debilitamiento sistemático y progresivo del estado. El libre flujo de bienes y mercancías ah provocado una situación donde gracias a las asimetrías que existen, muy pocas empresas se han quedado con la producción de bienes y la oferta de servicios, creando entes con presencia mundial. Solo así entendemos la extinción de las tiendas locales para abrirle paso a los supermercados multinacionales, es decir, el ingreso que anteriormente daba para el sustento de muchas familias se convirtió en la utilidad de una sola persona moral.


La dinámica de concentración como consecuencia del capitalismo es incompatible con la democracia, por que permite que el capital y el poder que le acompaña se concentre en pocas entidades, cuyo tamaño les permite, gestionar en su beneficio, las políticas publicas implementadas por los gobiernos, quienes sacrifican el bienestar de la población por temor a la amenaza de represalias por parte de estos entes. Lo anterior desemboca en un sistema antidemocrático pues en el intento de eludir las represalias de una minoría sacrifican el interés de la mayoría.


Es decir los votos solo valen lo mismo, el día de la elección. En el ejercicio de gobierno y la implementación de los programas gubernamentales los gobernantes se ven mas influenciados por la presión que ejercen, gracias a su tamaño, las persona morales concentradas y organizadas que por el bienestar de la población civil dispersa y desorganizada.


El libre trafico de bienes y servicios a permitido a las empresas rondar el mundo en busca de mano de obra barata que les permita competir en este ambiente de negocios globalizado que pretende tener consumidores de primer mundo pagando salarios de tercer mundo. Solo así se puede explicar la migración de la producción hacia zonas menos desarrollados cuya población hambrienta esta dispuesta a aceptar condiciones laborales inferiores y en algunos casos hasta inhumanas. Esta actividad que resulta un ahorro para la producción representa un costo fatal para el medio ambiente.


Efectivamente el avance tecnológico permite que sea menos costoso para una compañía cuyo mercado es un país desarrollado de occidente mudar su producción a un país subdesarrollado de oriente, inclusive en algunos casos puede ser una medida de supervivencia. Esta practica concebida como consecuencia de la disminución sistemática de las barreras arancelarias como ideología no contempla que afecta y contamina nuestra salud ambiental. Lo que resulta mas barato para la producción de bienes y la oferta de servicios atenta contra la naturaleza y la ecología y por tanto contra la permanencia de nuestra especie en este planeta.


El capitalismo pretende abaratar la producción con cargo a la naturaleza, optimizar las utilidades de unos, sacrificando el medio ambiente de todos. No olvidemos que sin planeta ningún sistema político, económico o social puede subsistir, debe ser prioridad la supervivencia del planeta por encima de la del libre mercado.


Llegó la hora de decidir entre ser suicidas ciegos o sobrevivientes conscientes, de aceptar el consumo del planeta y el desmantelamiento de la democracia pasivamente o bien reclamar y construir salidas. Podemos mantenernos en la indiferencia hasta desangrarnos o empezar a formular alternativas que nos permitan eludir un resultado fatal. Los jóvenes en particular no somos cómplices de la sociedad que nos entregan, tenemos la autoridad moral para quejarnos, es hora de erradicar la ceguera ideológica que merma las soluciones y sembrar conciencia que sirva de cimiento para nuestro futuro. Este es un llamado a gritar de dolor y evitar el suicidio.